Τετάρτη, 8 Φεβρουαρίου 2012

7 de Febrero: Huelga y luchas en Atenas - 7 του Φλεβάρη: Απεργία και μάχες στην Αθήνα - February 7th: Strike and struggles in Athens

Las fotografías son realizadas por ©Dimitris V. Geronikos en el centro de Atenas, el 7 de Febrero 2012. Las fotografías son dedicadas a la memoria de Theo Angelopoulos.
Λήψη φωτογραφιών από ©Δημήτρη Β. Γερονίκο στο κέντρο των Αθηνών, στις 7 Φεβρουαρίου 2012. Οι φωτογραφίες είναι αφιερωμένες στη μνήμη του Θόδωρου Αγγελόπουλου.
Photo shoots by ©Dimitris V. Geronikos in the center of Athens, on February 7, 2012. The photos are dedicated to the memory of Theo Angelopoulos.












2 σχόλια:

Dimitris Geronikos είπε...

Theo Angelopoulos, uno de los más laureados directores griegos, nació en Atenas en 1935 y murió el martes, día 24 de enero de este año en Atenas, atropellado por una motocicleta mientras buscaba emplazamientos para su próxima película, “El otro mar”, cuyo tema era la actual crisis económica y social griega. Ha fallecido a los 76 años de edad.
En el palmarés de Angelopoulos se cuentan, entre otros muchos, premios como la Palma de Oro del Festival de Cannes (1998) y el León de Oro del Festival de Venecia (1980). La filmografía del director heleno, con sus largos planos y predominio de silencios y grises, parece más propia de la brumosa cinematografía escandinava y en abierta contradicción con el cliché del cineasta mediterráneo. Pero es un reflejo nítido, aunque muy personal, de su país, de su paisaje y de la convulsa historia reciente de la región balcánica.

Angelopoulos, hijo de un pequeño comerciante, estudió Derecho en su ciudad natal. Después del servicio militar, se trasladó a París para estudiar con el antropólogo Claude Lévi-Strauss en la Universidad de la Sorbona y posteriormente en el Instituto de Altos Estudios Cinematográficos. Realizó muchos y variados trabajos, y así, entró en contacto con el cine. Volvió a su país en 1964, donde trabajó como crítico cinematográfico para el periódico de izquierdas “Dimokratiki Alaghi” hasta su cierre en 1967. Después de fracasar en su intento de rodar un corto sobre un grupo de músicos pop, en 1968 consiguió realizar uno de 23 minutos, “Ekpombi”, nunca exhibido fuera de Grecia, en el que ya se vislumbraba el estilo del autor: utilización de tiempos muertos, de planos secuencia y alteración del eje cronológico, con dilataciones del ritmo espacio-temporal.
Tras probarse en varios cortometrajes, se embarca en su primer largo, Reconstrucción (1970), rodado de forma semiclandestina durante la dictadura militar que siguió al golpe de los coroneles de 1967. En el filme utiliza un hecho con claro entronque en la tradición del drama clásico griego -un inmigrante es asesinado, a su regreso a Grecia, por su esposa y su amante- como símbolo de la decadencia de todo un país. Angelopoulos abre con esta película un período en el que el tema dominante de su filmografía es la crítica a la deriva autoritaria de la política griega, que se expresa fundamentalmente en su obra Alejandro El Grande (1980), por la que obtuvo el León de Oro del Festival Internacional de Cine de Venecia. Con Días del 36 (1972), primera parte de una trilogía que continuó con El viaje de los comediantes (1975), considerada su obra maestra, y Los cazadores (1977), Angelopoulos comenzó una reflexión crítica sobre la historia contemporánea de Grecia.

Dimitris Geronikos είπε...

Tras esta primera etapa, su obra da un claro giro en el que tintes más íntimos, a veces existenciales, empiezan a dominar sobre el omnipresente trasfondo político. Esta etapa arranca con Viaje a Citera (1984) y alcanza uno de sus momentos más intensos con Paisaje en la niebla (1988), que narra el viaje de dos niños en busca de sus padre inexistente. Película que ganó el premio Félix al mejor filme europeo del año. Marcello Mastroianni protagonizó en dos películas suyas: El apicultor (1986) y Le pas suspendu de la cicogne (1991). Entre estas dos películas conoció a Tonino Guerra, con el que trabajó en Paisaje en la niebla (1988) y en la más reciente La mirada de Ulises (1995).
Sin embargo, para la mayoría de los críticos es en La mirada de Ulises (1995) donde la metáfora recurrente de Angelopoulos -el viaje, interior y exterior, por parajes desolados- alcanza su más lograda expresión, en gran parte gracias a la hermética interpretación de Harvey Keitel en su viaje a través de unos Balcanes arrasados por la historia. Aunque la obra obtuvo el Premio Especial del Jurado en Cannes, el cineasta tuvo que esperar tres años para alcanzar la máxima distinción del festival francés con La eternidad y un día, apoyado por la sólida escritura de Tonino Guerra -con el que ya había colaborado en La mirada de Ulises- y la interpretación magistral del alemán Bruno Ganz.

“Quienes quedan atrapados en la indiscutible belleza de sus imágenes y acusan a Angelopoulos de hacer un cine pretencioso, ampuloso, estático, obviamente ignoran el profundo humanismo que subyace en toda su obra, como no podía ser menos: griego es, al fin y al cabo. Desde sus mismos orígenes, la obra de Angelopoulos se inspira en dos ejes: sus vivencias personales y la realidad griega.”
La obra que ahora estaba preparando, “El otro mar” trataba de la realidad más palpable de Grecia y de Europa en estos momentos, la vida en medio de la crisis. Eso sí vista desde su perspectiva.

http://www.theoangelopoulos.gr/